El Colombiano
Publicado el 02-09-2012

Retumban los tambores en Barranquilla


Barranquilla vive y vibra una vez al año con el Carnaval, motivo de regocijo en torno a una tradición que hace que extranjeros y nacionales no quieran perderse una celebración que es catalogada con justicia como “la fiesta grande de Colombia”.

El Carnaval de Barranquilla, comandado este año por la reina Andrea Jaramillo Char (en la foto), es un espectáculo en el que todos son protagonistas. En ella participan danzas, grupos folclóricos y disfraces para hacer de este evento una fiesta sin par en el mundo, en lo que tiene que ver con sus raíces autóctonas. No sólo para mostrarlo, sino especialmente para gozarlo. Porque así es el Caribe. Así es el Carnaval de Barranquilla.

La celebración está enmarcada en un escenario donde las danzas nacidas bajo el manto del río más grande de Colombia, el Magdalena, tienen su máxima expresión durante cuatro días de interminable fiesta, 44 días antes que se inicie la Semana Santa. Este año va del 18 al 21 de febrero próximos.

El Carnaval, como expresión cultural, no hace distinción de razas, edades, ni estratos sociales. Cuenta con más de 20 mil actores que salen a las calles desde el sábado, cuando se festeja la Batalla de Flores, hasta el martes, cuando se entierra a ‘Joselito’, el emblemático personaje que encarna el sentimiento del Carnaval.

Los festejos son precedidos con una serie de eventos que inician con la Lectura del Bando, suceso en el que la Reina decreta el disfrute de la fiesta y ordena perentoriamente a todos sus ‘súbditos’ que dejen la tristeza y comience la alegría.

Culturalmente, el Carnaval de Barranquilla es indígena, por su cadencia melancólica y por las danzas que se realizan alrededor de la tierra pidiendo o alabando por la fertilidad de su suelo. Es blanco por España, de donde llegaron las celebraciones con vestidos de gala. Y es negro por los esclavos traídos por colonos, con quienes llegaron los tambores, la alegría, el ritmo, los lamentos y los movimientos contorsionados.

Pero también es mestizo, porque se apropió de lo que nació en la cuenca del Magdalena para entrelazarlo con lo que vino de afuera creando una soberana que perdura con el paso de los años: La Cumbia, el ritmo que reina y se enseñorea de un Carnaval que es patrimonio de la humanidad.