migratoria amplia o una medida como el DREAM Act. Lo malo es que la Casa Blanca siga negándose a echar mano de su autoridad ejecutiva para proteger a estos jóvenes del espectro de la deportación, como grupo, en tanto se logre esa acción legislativa que dice apoyar. Lo malo es que las excusas de la Casa Blanca para no ofrecer ese alivio administrativo son cada vez más elaboradas. De decir que el presidente no puede utilizar su autoridad ejecutiva para proteger de la deportación a los jóvenes que llenarían los requisitos del DREAM Act, ahora dicen que la autoridad existe, pero que no pueden aplicarla a un amplio grupo porque eso generaría reacciones adversas en el Congreso que podría acusar al Ejecutivo de abusar de sus poderes. Lo malo es que esta administración evidencie tanto temor a la confrontación con los republicanos del Congreso, sobre todo los de la Cámara Baja, que nunca estarán satisfechos. Por el contrario. Lo malo es que a pesar de las más de 800,000 deportaciones en los pasados dos años, del reforzamiento de la frontera que Obama visita esta semana, y de la ampliación de programas como Comunidades Seguras y 287(g), esos mismos republicanos dicen que no es suficiente. Son un barril sin fondo que la administración sigue alimentando. Y lo feo es que al hacerlo afecten a la comunidad hispana que sí ha apoyado al presidente. La inmigración no es el único tema de interés para los hispanos, pero es definitorio. Lo feo es que piensen que con reuniones simbólicas y discursos todo esté resuelto. Lo feo es que los dos partidos se acusen mutuamente de la inacción pero al final se conviertan en socios involuntarios para hacerle la vida de cuadritos a la comunidad inmigrante. Y más feo aún que se juegue con un voto latino sin el cual los republicanos no han recuperado la Casa Blanca y con el cual los demócratas la ganaron, aunque a ambos parezca no importarles.
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