independencia y seguridad económica de las víctimas y sus familias.
Leyes, seguridad e independencia económica no supondrán una verdadera solución si no van acompañadas de una educación en valores de respeto y de igualdad entre sexos.
Lograr el acceso a la escuela de las niñas será otra vía para acabar con la violencia de género. Una niña que tiene posibilidad de estudiar tiene más oportunidades para conseguir un puesto de trabajo y la independencia económica. Además, conocerá mejor sus derechos y será la dueña de su cuerpo.
La violencia doméstica se apoya en una malentendida memoria histórica, donde las mujeres eran seres débiles que debían obedecer al hombre. Ya en la época de las cavernas, como relata El clan del oso cavernario de Jean M. Auel, las mujeres podían ser castigadas por los hombres si estas los miraban a la cara o hablaban sin su permiso. La historia de la mujer es la historia de la sumisión y la exclusión de la vida pública. Hubo que esperar al siglo XX para que la mujer aparezca como ciudadana de pleno derecho. Hoy, todavía las mujeres, ya incorporadas al mundo laboral, siguen siendo discriminadas. Y nacer mujer significa tener más probabilidad de vivir en la pobreza y ser marginada.
Las mujeres son, en muchos casos, las que perpetúan la situación de desigualdad e, incluso, consideran que la violencia es una prueba de amor. Pero nada más lejos de la realidad. Los celos y los maltratos son patologías y no pueden ser aceptadas socialmente. Hasta ahora, la violencia doméstica, era un tema tabú. Los medios de comunicación no recogían las muertes de miles de mujeres a manos de sus maridos y tampoco la sociedad hablaba de ello. Eran cosas entre parejas y, a veces, el maltratador era considerado
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