El más tenebroso de los bandoleros modernos ha sido -sin duda- Pablo Escobar.
Ricardo Rondón Ch.
ha suscitado la conformación de unos grupos, que terminan guerreando por el poder como ocurrió en las minas de esmeraldas, en el occidente de Boyacá, y en las minas de oro en distintas partes del país”.
¿Pero tiene que ver también con nuestro deplorable banco genético?
“Sí, desde luego. Somos el producto de una serie permanente y ya histórica de fuerzas encontradas por la rapiña y el despojo de unas riquezas que el Estado no ha sabido administrar”.
¿Ese resentimiento ancestral de violación en masa de la colonización es lo que nos ha hecho bárbaros e intolerantes?
“Efectivamente. Llevamos ese lastre. Es una constante histórica que ha sido difícil de manejar porque ya tiene una larga trayectoria, con el agravante de que no hay otra solución que la de las armas. Ha sido imposible civilizar y concientizar a los grupos enfrentados porque ha prevalecido la intolerancia total”.
Yo creo más bien que la ambición y el poder desmedidos es lo que no ha permitido que cese este derramamiento de sangre.
“Sí, de acuerdo, me parece que han sido mal manejados los diferentes procesos de paz y cuando han estado cerca de un armisticio, este se derrumba porque el establecimiento ha sido ineficaz e incumplido en la solución de los problemas sociales”.
¿No cree Pedro Claver que durante todos estos años nos hemos tragado una cantidad de mentiras hasta convertirnos en ‘fieles’ portadores de la mentira (sobre todo quienes llevamos el rótulo de periodistas)?
“Estoy de acuerdo contigo. En todos los conflictos lo que primero salta a la vista es una total manipulación de las esperanzas y eso termina por ahondar más las diferencias y agudizar la guerra. La mentira ha sido mucho más poderosa que las armas. Y
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