quizás el resultado de la malcriada permisividad, dejarle hacer de todo a su antojo, sin límites.
Pero el del “medio”, no cuenta ni para lo uno ni para lo otro. Sólo hay dos maneras de hacerse “visible”, de ser tomado en cuenta. La tendencia natural, mi hijo Andrés no es la excepción, es mostrar iniciativa, hacerse notar con acciones de agrado para papi y mami, sin embargo, por culpa de los tontos adultos, el fracaso llega pronto quedando la segunda opción en cualquiera de sus variaciones: enfermedad orgánica (del cuerpo) o mental, desajuste emocional, la simple conducta reprochable e incluso actos delincuenciales. Para colmo de males, recordemos que el “hijo sándwich” ya tuvo su reinado de hijo menor haciéndose mas sensible a la invasión del pequeño intruso.
La gravedad del trauma del “niño sándwich” depende de tres factores: El temperamento del niño, el sexo de los hijos y la actitud de los padres.
Mejor que sea un niño expresivo, capaz de mostrar sus emociones y sentimientos. Lo contrario, ser tímido, retraído o con esa engañosa capacidad de adaptación puede esconder una “bomba de tiempo emocional” que estallará en cualquier momento, sin avisar.
No es lo mismo ser un niño entre dos niñas o una niña entre dos niños, donde no se requiere mucho esfuerzo para recibir atención de los padres, que tener competencia del mismo sexo por arriba y por debajo para disputarse el cariño de papi y mami.
Pero lo determinante será cómo los padres traten al chico o chica del medio. Estos, crecerán emocionalmente sanos en la medida en que sus padres les brinden cariño incondicional, libre de comparaciones con sus hermanos y basado en
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