Hay situaciones que son insoportables. Pero otras se podrían arreglar con un poco de buena voluntad, una palabra a tiempo para aclarar la situación, y algún espejo con el que hablar de vez en cuando.
De vez en cuando es bueno algún espejo con el que hablar de nuestras verdades.
P. Fernando Pascual
algo que dependa de mí y que me permita salvar un amor matrimonial o familiar que quiero, de verdad, constante y limpio?
No todos, ciertamente, tienen “madera de héroes”. Hay situaciones que son insoportables. Pero otras se podrían arreglar con un poco de buena voluntad, una palabra a tiempo para aclarar la situación, y algún espejo con el que hablar de vez en cuando.
Es hermoso ver a parejas que no sólo han sobrellevado un problema grave (no tener hijos, o tener un hijo con discapacidad, o sufrir por culpa de un familiar realmente pesado), sino que han sabido salir airosas y han crecido en el amor.
Cada uno se miró en el espejo y puso lo que estaba de su parte para que la situación no explotase.
Otros, en cambio, han fracasado, simplemente porque acusaron completamente a la otra parte y sólo pensaron en sí mismos como víctimas.
Es bueno mirarse al espejo. Quizá incluso es muy bueno mirarse al espejo como pareja, y hablarse así, en forma cruzada, “a cuatro”, para aclarar algún jaleo familiar.
Para los cristianos, existe todavía un método mejor: mirarse en el espejo “a cinco”, con un crucifijo que recuerde que el matrimonio es algo querido por Dios.
Con Cristo a nuestro lado todo puede tener un matiz distinto. Y las soluciones, aunque cuesten, se pueden encontrar con un poco de ingenio y un mucho de amor.