Desde que supe la noticia ‘alegre’ con la que salió el fiscal general de Colombia, Eduardo Montealegre, al ordenar la libertad inmediata del ex rehén de las farc, Sigifredo López —detenido por su presunta responsabilidad en el secuestro en 2002 de 11 de sus colegas diputados del Valle del Cauca, que murieron a manos de esa guerrilla—, con la explicación simple y lironda de que su oficina logró establecer que los testigos que le acusaban, mintieron, no pude menos que pensar que a este señor hay que darle un castigo ejemplar. Me refiero a Montealegre.
No es que esté en contra de la liberación de López, sino que con todo lo que ha ocurrido en torno a este proceso, el mamarracho del fiscal lo que hizo fue dejar al sistema acusatorio colombiano en ridículo y de paso abrirle una puerta a López para que demande a la nación por una millonada igual o mayor a la que ya está exigiendo desde hace rato por los años que estuvo en las garras de las farc.
En la oportunidad en que se produjo la acusación de la fiscalía y la cinematográfica captura de López, escribí en este mismo espacio que me parecía una canallada contra un hombre que había sufrido un drama tan cruel a manos del grupo narcoterrorista y que de ser cierto lo que argumentaba la fiscalía con un video de mala calidad y sonido ídem, el ex diputado merecía un Oscar por su actuación el día que recuperó la libertad y se reencontró con su familia, porque esa escena que vimos millones a través de la televisión, era digna de los Brando, Pacino, De Niro y compañía.
Lo curioso del asunto es que Montealegre estuvo montado en sus trece, a pesar que expertos del FBI de Estados Unidos revisaron el referido video y concluyeron que el hombre que aparecía allí y hablaba sobre la mejor manera de secuestrar a los diputados, no era López. Así de simple.
El fiscal le pasó por encima a esa experticia y de repente sacó de las dos mangas varios testigos que juraron y se dieron golpes de pecho asegurando que el man no era Germán, sino ‘Sigi’, distrayendo al país un buen rato para ahora salir con el chorro de babas que tiene al estado colombiano a las puertas de una nueva demanda de López, que se
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