Esto trae veneno. Uno raro. Y es que cuando los ex jefes paramilitares extraditados a Estados Unidos, con Salvatore Mancuso a la cabeza, le envían una ‘carta abierta’ al presidente JotaEme pidiéndole de la manera más comedida que estudie, que revise sus casos, es como para ponerse a pensar ¿por qué precisamente ahora? Ese ‘timing’ se me antoja como muy coincidente con el punto más bajo de las relaciones entre el actual jefe de estado con su antecesor, Álvaro Uribe.
En la misiva, el grupo de ‘paracos’ pide “con respeto y humildad que el presidente Juan Manuel Santos conozca directamente de nosotros la total y plena disposición de seguir colaborando con la construcción de Paz y Reconciliación, en el marco de la justicia transicional, fieles a los postulados de Verdad y Reparación, solidarios con las víctimas del conflicto armado y juramentados en la No Repetición para que en Colombia no se vuelva a reproducir más el funesto ciclo de víctimas y victimarios”.
Una petición que parece escrita por una congregación de inocentes monjitas.
La carta, con fecha del 30 de abril pasado, menciona que la “abrupta interrupción del componente político por decisión unilateral del Gobierno anterior (¿hay o no hay veneno aquí?), hizo recaer en los aspectos judiciales de una ley todo el peso del Proceso de Paz y ello ha tenido consecuencias negativas no solo sobre los desmovilizados y las comunidades afectadas por los compromisos no materializados, que han generado nuevos fenómenos de violencia, sino también, sobre la necesaria confianza en la palabra de los funcionarios y representantes del Gobierno”.
Con esa denuncia, le entregan al gobierno de JotaEme munición para que le endose a su predecesor las llamadas ‘Bacrim’ (bandas criminales compuestas por ex paracos), como hijo putativo de
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