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Publicado el 02-09-2012
Reportero: Alfredo Mantilla

Vericuetos diplomáticos non santos

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Es bien sabido que el ejercicio de la diplomacia de cualquier nación recurre con asidua frecuencia a los recovecos de la hipocresía para poder salir de los mil y un escollos en los que se meten quienes están al frente de los destinos de un país, especialmente —casi que exclusivamente— en los considerados democráticos.

De Colombia (¿sería mejor decir, de la mayoría de sus gobernantes?) siempre se ha dicho que posee una ‘gran vocación diplomática’ y eso de alguna manera ha marcado el ejercicio de las más recientes administraciones, a excepción quizá del gobierno de Álvaro Uribe, aunque para hacer honor a la verdad debería resaltar que en esos dos periodos fuimos testigos de una diplomacia selectiva que le mostraba los dientes a un hermano siamés, mientras se hacía el pendejo con el otro. ¿Cómo así? ¡Pues así!

Recordemos que luego de una serie de episodios de amor y odio con Venezuela, la administración de don Alvarito concluyó tirándole piedras al dictadorzuelo bolivariano (no ha parado, todavía sigue), mientras que en todos los 8 años se mostró mansita con el otro siamés —Cuba y su par de hermanos dictadores—, sin inmutarse siquiera cuando éstos le mamaron gallo con la payasada de diálogo que montaron con los guerrilleros del eln y en las que el país salió con las tablas en la cabeza.

Hoy J.M., quien fue copartícipe de buena parte de esas posturas ambivalentes de su ex jefe, ex mentor y ex amigo, anda de amores no solo con el mandamás venezolano, sino con otro de la cofradía comunistoide, Correita (el presidente ecuatoriano enemigo de la prensa), y además con los Castro, a quienes no quiere maltratar ni con el pétalo de una rosa y por eso envió a la canciller María Ángela Holguín a la Habana, para que les ofrezca disculpas —y a lo mejor les haga unos cuantos regalitos, que eso le gusta a los hermanitos— por no invitar al menor, Raúl, a la Cumbre de las Américas que se celebrará en abril en Cartagena, porque si lo hace corre el riesgo que la estrella de la cita, el presidente estadounidense Barack Obama, haga mutis por el foro. Un costo que la diplomacia santista no está dispuesta a pagar. Prefiere tragarse varios sapos y hacer gala de una gran dosis de hipocresía. Perdón, de diplomacia.

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