Cómica —por decir algo suave— la revelación de que Colombia no está lo suficientemente preparada para comenzar a ejecutar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, siendo que han pasado 6 años desde su aprobación preliminar y desde entonces los gobiernos de Álvaro Uribe y J.M. Santos han pedido, bregado, solicitado y presionado para que se produzca la ratificación por parte del congreso norteamericano, tal como sucedió la semana pasada.
Hoy el ‘ansiado’ TLC está a la espera de la firma del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y esto ha hecho que en Colombia salten todas las alarmas, porque para varios entendidos el país está ‘biche’ para manejar y asumir los compromisos que conlleva un acuerdo de esa naturaleza con un ‘monstruo’ como Estados Unidos.
El primero que saltó de la silla fue el ministro de agricultura, Juan Camilo Restrepo, diciendo que el TLC “le va generar oportunidades buenas a algunos sectores que inmediatamente pueden entrar a aprovecharlo”, y mencionó a los productores de frutas, verduras y hortalizas, pero advirtió que para otros sectores —como el arrocero y el lechero—, “plantea amenazas y desafíos”.
El ministro además se quejó de la forma como el gobierno de Uribe negoció el tratado y dijo que se “cometieron muchas ingenuidades negociando los capítulos agrícolas”.
Otros aspectos negativos tienen que ver con el marco legal, la tramitología y todo el andamiaje jurídico, pero a la larga esos son aspectos dables de mejorar a marchas forzadas para estar a tono, pero en lo que si no existen esperanzas es en lo concerniente a la infraestructura vial del país (una de las peores del continente), tal como alertó el presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), Sergio Clavijo, quien en una reciente declaración trajo a colación el insólito caso de la falta de una doble calzada que conecte al principal puerto sobre el Pacífico, Buenaventura, con el resto de la nación.
Ni para qué hablar de los aeropuertos. El presidente de Avianca, Fabio Villegas, alertó en días pasados que cuando esté listo el nuevo El Dorado de Bogotá, ya será obsoleto. Insuficiente para manejar a corto plazo el flujo de pasajeros. ¿Cómo?
¿Y la carga? ¡Ay mi madre!
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