Pienso que a esa mujer —comoquiera que se llame— Colombia está en la obligación de levantarle una estatua... y de pronto entregarle algún dinerito por el servicio prestado a la patria y los daños sufridos en el cumplimiento de ese favor nacional.
Que no se diga que los ‘bolillazos’ recibidos fueron en vano. ¡No señor!, esa heroína nacional tiene todo el derecho del mundo a recibir una jugosa recompensa por haber librado al país de ese quiste del fútbol colombiano que responde al nombre de Hernán Darío Gómez y que por algo —ni sé por qué... ¿alguien lo sabe?— le dicen ‘Bolillo’.
Que de la misma manera en que el estado colombiano —en época de Alvarito— pagó millones de dólares por ‘favores’ de guerrilleros arrepentidos que soltaron o ayudaron a escapar a alguna de sus víctimas, alojando incluso a uno de ellos en el hotel insignia de Bogotá, la mártir que aguantó a pie firme los embates del —¡por fin!— ex director técnico de la selección nacional en el bar “El Bembé”, también califica para recibir algo de esa ‘partida secreta’.
Estimo que el gobierno de JotaEme debería entregarle ese premio de consolación en el acto de cierre del campeonato mundial de fútbol para menores de 20 años que se celebra en territorio colombiano y en el que nuestra representación pasó a cuartos de final —con susto, pero menos mal—, a pesar de la maldición que se había cernido sobre toda la actividad futbolera colombiana por cuenta de los ‘bolillazos’ de Hernán Darío.
Es más, como sé que a JotaEme le gusta el show (recuerden su acto rumbero de la noche en que fue elegido presidente) le sugiero que encargue a Jota Jota Rendón —su fiel asesor— la coordinación de una
...