Parece mentira que en pleno siglo XXI todavía se siga hablando de racismo en el planeta. Esta aberración humana no debe manifestarse en ningún orden de la vida, ni en ninguna sociedad. La racionalidad y la tolerancia deben de “jugar de titular” en cualquier rincón del planeta. A menos que caigamos en la barbarie.
Esta vez es el deporte la víctima. El fútbol, específicamente, el sitio: Italia, que paradójicamente tuvo colonias en Africa en el pasado y muchos de sus ciudadanos, a raíz de la Segunda Guerra Mundial, se vinieron a estas tierras de gracia habitada por un hermoso mosaico de colores y razas, que sin ningún tipo de chauvinismo le dimos cabida, y hoy son americanos sus hijos y nietos.
No es posible que el gobierno y medios de comunicación no les recuerden estos hechos históricos a sus ciudadanos; sobre todo en el sur de ese país, de donde llegaron la mayoría de italianos a Argentina, Venezuela y otros países de nuestra América.
Estoy claro que no es una exclusividad de los italianos. En nuestra América a cada momento aparecen reminiscencias de esa “patología” que no entendemos a estas alturas del “partido”.
Esos cantos racistas en el fútbol italiano no fueron solamente para Samuel Etoo, lo fueron para todos los que tenemos –con mucho orgullo- la piel oscura y que en el mundo somos unos cuantos; sino también para aquellos de otros colores que se indignan seria y responsablemente de actitudes como esta.
Lamentablemente de la vieja Europa con relación al fútbol no nos llegan buenas noticias –y ojo que no incluyo política y economía, de las cuales hay mucho que hablar, pero no es lo que nos ocupa- últimamente, ahora reaparece ese viejo fantasma insepulto del racismo atacando de
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