Madre e hija en su humilde casa en el distrito Villa El Salvador en Lima, Perú. EFE/Paolo Aguilar
por Javier Otazu
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"Lo que nosotros podemos hacer -explica Rubio- es darle calidad de vida: está en un programa de controles médicos permanentes como cualquier abuelito: vigilar la presión arterial, las articulaciones, aumentar las dosis de calcio y mejorar su alimentación para que en lo posible pueda reponer sus tejidos".
"Lamentablemente, ella nunca va a crecer, y tampoco vamos a poder alargar su vida. Si las articulaciones se le inflaman, le daremos medicación contra el dolor", asegura el doctor, y concluye: "Va a tener el apoyo de la institución (el Hospital de la Solidaridad) y atención y control permanente".