Con el permiso de esa ‘señora’ que siempre me escribe quejándose porque sus puntos de vista son diferentes a los míos —o los míos a los de ella, como mejor le parezca— debo referirme a un tema que de seguro le causará una de sus ya clásicas urticarias y le hará enviarme uno de esos mensajes electrónicos quejumbrosos y hasta ofensivos: las tirantes relaciones entre los dos presidentes que tiene Colombia en este momento, don Álvaro y su ex alumno Jota Eme.
Porque es claro, ‘señora’, que los amores entre esos dos no están pasando por su mejor momento. Lo curioso es que lo ‘vaticiné’ en este espacio hace ya un mes largo, cuando hice cábalas preguntándome —y también a los lectores— cuánto tiempo transcurriría antes que el electo Jota Eme le mostrara sus uñas bien manicuraditas al patrón del ‘Ubérrimo’. ¡Algo apenas lógico!
El caso es que desde la aceptación de la adhesión del ex presidente César Gaviria por parte del entonces candidato, el ánimo de don Álvaro se avinagró y terminó de envenenarse cuando se dio cuenta que la creatura que había impulsado —ante la salida, vía Noemí, de su hijo putativo, ‘Uribito’, del abanico de candidatos— empezaba a caminar sin su apoyo y sin consultarle las movidas iniciales tras el aplastante triunfo sobre Antanas Mockus.
Dicen los que le han visto rumiando sus iras y frustraciones, que cuando supo algunos nombres del sonajero ministerial, don Álvaro llamó a José Obdulio para que le aconsejara el mejor tamaño de los palos que debía atravesarle a la carreta del ingrato presidente electo. Y peor, cuando se enteró que Jota Eme había invitado al país al juez español Baltazar Garzón, un personaje que es mirado con recelo —con mucho recelo— por Uribe y su comparsa, por cuenta de sus cruzadas contra los crímenes de lesa humanidad... y el temor por sus rabitos de paja.
Pero la rabieta llegó al clímax —dicen sus íntimos que obligó la ingesta de un ‘mejoral’—, al ver los coqueteos de su sucesor por ganarse la asistencia del patán de Hugo Chávez a su asunción presidencial. Ya esa fue la tapa del pomo, como dicen los cubanos. Tras eso Uribe empezó a sacar sus naipes guardados. Y, ¡ojo!, que esto ni siquiera ha comenzado. Disculpe, ‘señora’.
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