Juan Lara
isla, la zona donde predicó Pablo.
Allí fue recibido por el jefe de la Iglesia ortodoxa chipriota, el arzobispo Crisóstomos II, y por el Sínodo (máximo órgano de gobierno). En los días previos a la visita, cinco de los 17 miembros se mostraron contrarios a la estancia del Papa, al que acusaron de "hereje" y hoy algunos ortodoxos pitaron la llegada del Pontífice.
Benedicto XVI respondió con un discurso ecuménico, en el que llamó a la reconciliación, a la paz y al diálogo y una vez imploró la unidad de los cristianos, divididos desde 1054, tras el cisma que separó a Oriente y Occidente.
El Papa reiteró que "para que el mundo crea, todos los discípulos de Cristo tienen que estar unidos", ya que la división entre los cristianos "obstaculiza la difusión del Evangelio".
Desde Pafos, donde bendijo un olivo, símbolo de paz, el Papa se trasladó a Nicosia, donde mañana se reunirá con el presidente Cristofias, con el arzobispo Crisóstomos y con los católicos, que son una exigua minoría, el 3,5 por ciento, de los casi 800.000 habitantes.
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