el sueco Ingvar Kamprad, quien con una fortuna que se calcula en unos 23 mil millones de dólares no duda en moverse en metro -cuando no conduce su Volvo de hace 18 años-, viajar en compañías aéreas de bajo coste y hospedarse en hoteles baratos.
En la cúspide de los más tacaños figura J. Paul Getty, una de las primeras personas en superar los 1.000 millones de dólares, quien llegó a instalar teléfonos de monedas en su propia casa para que las visitas se pagasen sus llamadas.
Sin embargo, la anécdota más terrible de Getty fue el secuestro de su nieto, por el que se pidió 17 millones de dólares de rescate. Getty se negó a pagarlos porque ya tenía otros catorce nietos y pagar podía sentar precedentes.
Ante la negativa, los captores le mandaron por correo una oreja del chico, lo que debió enternecer al abuelo, que regateó la cantidad del rescate (que quedó en 2 millones). Posteriormente, Getty cobró a su hijo el total del rescate, más un 4% de interés.