El Ejército israelí es el que más presencia de mujeres del mundo y una plataforma ideal de encuentros entre reclutas.
por Daniela Brik Jerusalén
Numerosas parejas se han conocido en Israel con el uniforme caqui y las botas puestas mientras hacían el servicio militar, obligatorio para ambos sexos en un Ejército considerado por muchos como una “cantera” de relaciones románticas.
Cifras exactas sobre el número de parejas que se forman en el Ejército no hay porque ni los altos mandos son conscientes del fenómeno en su total envergadura, pero entre los soldados es vox populi que el servicio militar es una de las vías más propicias para ‘ligar’.
A los 18 años de edad hombres y mujeres en Israel son llamados a filas, aunque algunos colectivos como judíos ultraortodoxos y árabes están exentos, si bien pueden presentarse voluntarios.
Con un 34 por ciento de mujeres entre las fuerzas regulares -en comparación con 13,5% en España o 14% en EE.UU.- y una oficialidad femenina que supera el 40% durante el servicio militar obligatorio, el Ejército israelí es el que más presencia de mujeres del mundo y una plataforma ideal de encuentro entre reclutas.
Dos años para las mujeres y tres para los hombres en la “mili” curten para siempre el carácter de los jóvenes israelíes y para muchos de ellos no sólo supone el abandonar el hogar familiar, recibir órdenes y madurar, sino también consolidar una serie de vínculos y relaciones personales para toda la vida.
Es el caso de Lilian Seruya Gal, de 51 años, que conoció en el Ejército a su marido Miki, con el que lleva casada treinta años.
“Nos conocimos en la cantina de la base. Me estaba comprando una coca-cola, empezamos a hablar y así empezó el cuento”, recuerda esta gibraltareña que, pese a vivir desde los doce años en Israel, no ha perdido su marcado acento anglo-andaluz.