Con apenas horas para que se produzca el primer tiempo del partido de la selección colombiana, perdón, de la elección colombiana, es poco —casi nada— lo que yo podría decirles que ya ustedes no hayan leído o escuchado y quizá pu-diera parecer una tontería re-cordarles que salgan a votar, que vayan todos los que pue-dan hacerlo, sin importar por quién, pero que voten. Eso sí, que lo hagan a conciencia, no impulsados por falsas creencias, por rumores, por los mie-dos que algunos han querido vender para su conveniencia.
Colombia necesita un caudal de votación sin precedentes que le grite a los violentos y enemigos del país nuestra indeclinable intención de vivir en democracia y eso se demuestra con hechos, con el simple gesto de sufragar por el candidato de nuestras preferencias, por el que cada uno de nosotros entendamos que más le conviene a la nación.
Este domingo 30 de mayo —como todas las encuestas lo indican—, se cumplirá el pri-mer round de una contienda que verá la segunda parte el próximo 20 de junio, por lo que debemos estar preparados pa-ra hacer el mismo ejercicio en dos ocasiones. Sin pereza, sin desgano, sin dejar que otros tomen las decisiones por no-sotros, sino con la firme convicción que ese simple voto es el que marcará la diferencia en las elecciones presidenciales colombianas más pintorescas de los últimos tiempos.
Y así como se da por descontada la segunda ronda, también existe cierta claridad en que los dos personajes que llegarán a esa instancia serán el abanderado del oficialista Partido de la U, Juan Manuel Santos, y el candidato del Partido Verde, Antanas Mockus. El primero llega a este punto con la promesa de replicar lo he-cho por el presidente saliente Álvaro Uribe, mientras que el de los girasoles, Mockus,
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