Cuando apenas faltan dos semanas para que se produzca la primera vuelta de las elecciones presidenciales para escoger al colombiano o colombiana que estará al frente de los destinos del país del 2010 al 2014, la campaña mocha está entrando en una dinámica conocida como de ‘emparejada de las cargas’. ¿O será de los cargos?
Es el momento en el que los coleros de la contienda, aquellos candidatos que han hecho un examen de conciencia y no siguen creyendo en pajaritos preñados, sino que ven la vaina muy cuesta arriba, comienzan a buscar desesperadamente en qué palo ahorcarse o a qué sombra se arriman, para que la ‘espaturrada’ no sea tan grande. O tan grave.
Es la etapa de los coqueteos y mensajitos velados en busca de la atención de aquellos que todavía tienen claras oportunidades y no están tan alejados de sus inquietudes políticas, para decirles que están en el mercado y dispuestos a aceptar una cita. Nada más es que les llamen. Como quien dice, “estoy solterito y a la orden”. En eso andan varios. Es la cruda realidad de casi todas las elecciones.
Con los candidatos Juan Manuel Santos y Antanas Mockus despegados del pelotón y bien cerca de la meta, a los demás jugadores en contienda parece que no les queda otra opción que intentar convertirse en comodines de alguno de los punteros. Porque a estas alturas del juego —y a menos que se produzca una hecatombe... ¿dónde carajos fue que escuché esa frasecita?— este asunto tiene sólo dos nombres propios posibles: el de la U o el del Verde. No quedó para más nadie.
Con el panorama de ese color, yo entiendo que por dignidad a un candidato no le queda ni regular tirar la toalla, pero tampoco es para andar como el abanderado del Partido Liberal, Rafael Pardo, creyendo todavía que la mazamorra es caldo. ¡Pobrecito!
Así que estos 15 días son los días de las promesas. De los ofrecimientos de puestos. De la piñata. Y no cabe duda que Santos está dispuesto a invitar a esa fiesta a todo aquel que se le ofrezca. Mockus no. A Mockus le ‘cabrea’ que le pongan condiciones y recibir abrazos que más tarde le puedan costar caro. Como el de Petro.
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