En Venezuela siguen renunciándole funcionarios de alto rango al dictadorzuelo que contesta el teléfono en Miraflores. El más reciente en esa lista —que crece día a día— fue el ministro de salud, Carlos Rotondaro, quien curiosamente adujo ‘razones de salud’ al firmar la carta con la que se separó oficialmente de la debacle chavista.
Rotondaro fue inmediatamente sustituido en el cargo por el ministro de la presidencia —¿alguien me pudiera explicar qué significa esa ‘corbata?—, Luis Reyes, poniendo en evidencia una vez más que el loquito de la camisa roja no con fía en mucha gente, porque desde que se encaramó en el ‘coroto’ cada vez que un subalterno le renuncia, hace un enroque y coloca en su lugar a otro personaje de su reducido entorno y querencia.
Como caso curioso, y al margen, en Colombia hay una tremenda crisis en el campo sa nitario y el ministro del ramo, Diego Palacio, ni siquiera hace el intento de esbozar un borrador de renuncia. Allí sigue, repitiendo el mal ejemplo.
Volviendo al dictadorzuelo de la ‘robolución bolivariana’, sus últimas chifladuras rayan en el patetismo: en una de esas interminables transmisiones televisadas en cadena nacional, ordenó una serie de expropiaciones a medida que iba caminando y preguntaba qué carajo funcionaba en tal o cual edificio.
¡Exprópiese!, era la sentencia del orate que día tras día va soltando tuercas y tornillos, en su camino inexorable al despeñadero. Lo grave es que si los venezolanos no se ‘ponen las pilas’ —con todo lo que esta expresión encierra—, puede llevarse al país en esa caída en barrena y después tendrán que soportar muchos años de castigo.
Lamentable que una nación con tantas riquezas haya llegado por un error de la naturaleza a los niveles en los que ahora se encuentra, donde la criminalidad desatada, el desabastecimiento de muchos productos básicos, la crisis eléctrica, la inflación galopante y tantos problemas más, hacen que el día a día se convierta en un verdadero tormento, en un callejón al que no se le ve salida válida, porque según el pichón de sátrapa su remedo revolucionario va a durar ¡por lo menos 900 años!
¡Uyyy, qué miedo!... Amigos venezolanos, ojalá esa peste los agarre confesados...
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