La presidenta argentina Cristina Fernández, junto a su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner.
Natalia Kidd
titular de la asociación, que busca que el consumo en el país pase de 6 a 16 kilos anuales por habitante, en declaraciones a medios locales.
Para el sexólogo Adrián Sapetti detrás de los consejos presidenciales sólo hay "una estrategia de ventas" que favorece a la industria porcina.
"No hay ningún dato que diga que la carne de cerdo mejore la vida sexual", dijo hoy el experto a periodistas .
El jefe del departamento de Disfunciones Sexuales del porteño hospital Durand, Amado Bechara, coincide en que "no hay ningún estudio de investigación que demuestre que la carne de cerdo mejora notablemente la actividad sexual".
Lo cierto es que en el país de mayor consumo mundial de carne bovina, las sugerencias de Fernández se han vuelto el comentario del día en radio, televisión y en internet.
A las picantes recomendaciones presidenciales de este miércoles se sumaron hoy las de otros hombres de la vida pública argentina, divididos entre quienes se harán adictos al cerdo y los que aseguran que les sobra vigor como para necesitar "incentivos porcinos".
"A partir de ahora empezamos a comer chancho mañana, tarde y noche. Voy a desayunar lechón", se entusiasmó Hugo Moyano, titular de la Confederación General del Trabajo, la mayor central obrera del país, un aliado al Gobierno de Fernández.
Con aires de superación , en cambio, el alcalde de Buenos Aires, el opositor y conservador Mauricio Macri, aseguró a medios locales que dejó "de comer cerdo porque tenía mucha energía".
Quien aún no se ha pronunciado sobre los placeres de la carne de cerdo es el propio Néstor Kirchner, un promotor público del cordero patagónico.