Un par de comerciantes beduinos cierra un negocio por un lote de trufas negras.
Samir Knayaz
La trufa argelina, conocida como “el diamante negro” del Sahara, viaja cada vez más a los mercados de los países del Golfo, donde es muy apreciada por su incomparable sabor, al igual que en Europa y en el propio país magrebí, pese a que su precio no está al alcance de todos los bolsillos.
Este delicioso manjar, “la carne de la tierra”, como la llaman desde antiguo los beduinos del desierto, ha conquistado a las clases ricas de países como Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos, Qatar o incluso Siria.
Y son los comerciantes sirios quienes, ante la falta de redes de distribución a nivel local, han encontrado en la trufa argelina un auténtico filón, sobretodo este año en el que las abundantes lluvias caídas en el desierto han proporcionado una cosecha excepcional.
Los sirios adquieren la trufa a cualquier precio y en grandes cantidades a los recolectores del sur argelino para enviarla a los mercados de Europa, Oriente Medio y el Golfo.
Según los datos de la compañía aérea argelina Air Algérie, al menos 30 toneladas se exportaron por semana el pasado enero en los tres vuelos con destino a Dubai, cerca de nueve toneladas a Yeda en Arabia Saudí y otras tantas a Doha o Damasco.
Los sirios pagan 6 millones de dinares argelinos (unos 60 mil euros o 84 mil dólares) por el flete de cada cargamento, que se han multiplicado este año ocasionando no pocos problemas a la compañía aérea argelina.
Air Algérie se ha visto obligada a limitar las exportaciones a 15 toneladas por vuelo ante la falta de medios humanos y materiales para hacer frente al incremento de la exportación del codiciado manjar.