Un par de comerciantes beduinos cierra un negocio por un lote de trufas negras.
Samir Knayaz
es el dinero que crece bajo la arena”, afirma Bakir aunque lamenta que haya que venderla lo más rápido posible ya que, sin refrigeración, se pudre a los pocos días de ser desenterrada.
“Es una delicia, tiene un sabor más suave que el de la carne y es muy rica en tortilla, con tomate o también al horno”, explica Farida, un ama de casa, cuyo presupuesto no alcanza para comprar trufas, pero a quien sus amigos de Ghardaia le suelen traer algunos kilos de regalo cuando visitan la capital.