Hipólita crió a Bolívar como si fuera su propio hijo.
Mario Martín Matas VENEZUELA
Hipólita y Matea, las esclavas negras que cuidaron del prócer independentista Simón Bolívar en su niñez, y cuyos restos reposan en un sepulcro en la Catedral de Caracas, están camino del Panteón Nacional, donde descansan los héroes venezolanos.
La iniciativa de trasladar los restos de las dos mujeres, conocidas como "las negras Hipólita y Matea", fue presentada por la vicecancillería venezolana para África y se encuentra actualmente en estudio.
El titular de ese viceministerio, Reinaldo Bolívar, explicó en una entrevista con Efe la campaña que promueve para "dar realce" a la "identidad nacional" y "reconocer el aporte de la negritud en el país", objetivos asociados al traslado de los restos de las dos mujeres, muertas hace unos 150 años.
"La tradición oral señala que Bolívar decía que Hipólita fue quien le dio de comer, y que Matea fue la que le enseñó a dar sus primeros pasos. Nosotros decimos que Hipólita es su madre y Matea su primera maestra", asegura el vicecanciller para África y principal promotor del traslado de las esclavas.
La "negra Matea" (1773-1886), nacida en San José de Tiznados, un pueblo a 240 kilómetros de Caracas, y la "negra Hipólita" (1753-1835), fueron llevadas especialmente a la capital venezolana en 1785, dos años después de nacer Simón Bolívar, para encargarse de su crianza.
Hipólita fue quien amamantó y cuidó al pequeño Bolívar en su niñez, mientras que Matea, que entonces contaba con 10 años, fue su compañera de juegos y la que lo alzó en brazos en el momento de su bautizo. Ambas, según los historiadores, lo llamaban "Simoncito".
Las dos mujeres quedaron marcadas con el apellido Bolívar porque era común entre los esclavos que adoptaran el apellido de la familia
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