Si hay algo de lo que todos podemos estar de acuerdo es que los EE.UU. es un país de inmigrantes. Casi todos, de algún lugar u otro, inmigró al país. Sin embargo, lo que es más importante es que todos quienes llegaron, eventualmente se asimilaron, convirtiéndose en americanos.
Claro, algunos prefieren delinear un guión para subrayar su herencia, como es el caso de los afro-americanos, chino-americanos, o italiano-americanos, pero contiene el término: americano. Es mas, este país fue creado por inmigrantes que entendían que estaban creando algo valioso, y escogieron asimilarse a su nueva patria.
En un par de semanas legisladores en ambas cámaras del Congreso federal renovarán sus esfuerzos para enviar un proyecto de ley al escritorio del Presidente para arreglar el sistema migratorio. Lo que no queda claro es si este Congreso y este Presidente podrán enfrentar a los poderosos grupos que están explotando la situación por motivos políticos. Los líderes hispanos tendrán que demostrar un liderazgo valiente para aprovechar esta tremenda oportunidad para unir y no dividir a este país.
Queda claro que una de las razones por las que fracasó el intento de llegar a un acuerdo migratorio es por la serie de protestas en las calles de la ciudades mas pobladas del país. En lugar de cosechar apoyo para la causa, las protestas dejaron una impresión amarga en muchos americanos que temen que esta ola de inmigrantes no tiene ninguna intención en ser americanos, como tantos lo hicieron en la historia estadounidense.
Al salir a la calle con banderas de países extranjeros y gritando groserías, las protestas tuvieron el irónico efecto de procurar un sentimiento anti-inmigrante. Y al final del día nos quedamos sin un acuerdo, y sin una manera de como seguir adelante.
Aunque hemos demostrado el tremendo talento en convertir inmigrantes en americanos, los poderosos grupos hispanos con su actitud agitadora son un riesgo en esta tradición necesaria en nuestro país. Como ejemplo, muchos luchan en promover la enseñanza del idioma español y la resistencia en apreciar la cultura e historia estadounidense. La verdad es que no tiene que ser así. Como un hispano-americano y primera generación inmigrante, yo soy prueba que es posible tener orgullo de su herencia hispana, al igual de ser un ciudadano estadounidense.