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Posted on
03/30/2006 11:39 AM EST
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¡Qué coincidencia esta, la de las monjitas de la caridad!
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Alfredo Mantilla editor@elcolombiano.net
Por un lado condenan a William Rodríguez Abadía a 21 años y 10 meses de prisión, a pesar que aceptó cooperar con las autoridades de este país en el juicio por narcotráfico contra su padre y su tío, Gilberto y Miguel, los encarcelados capos del cartel de Cali.
A Rodríguez Abadía, la fiscalía le retiró cargos por lavado de dinero a cambio de delatar a sus familiares, extraditados entre 2004 y 2005.
De cumplir toda la condena —cosa que pongo en duda— este pichón de narco estaría saliendo de la cárcel con más de 60 años de edad. Francamente, el crimen no paga. O, mejor, paga mal.
Por otra parte, un juez federal para el Distrito de Columbia le acaba de ‘tumbar’ piezas clave a la defensa del guerrillero de las farc, ‘Simón Trinidad’, en el juicio que se le sigue en Washington, en el que lo acusan formalmente de participar y conspirar en el secuestro de tres contratistas estadounidenses en el año 2003, y de enviar a este país más de 5 kilos de cocaína.
De un solo plumazo el juez Tom Hogan borró buena parte de los argumentos de los abogados de Ricardo Palmera, ‘Simón Trinidad’, en el proceso por terrorismo y narcotráfico que se le sigue en la capital norteamericana, pasándole así por encima a las peticiones de los defensores del narcoterrorista, quienes el año pasado pidieron anular el proceso argumentando que ‘Trinidad’ pertenece a un grupo en guerra con el estado colombiano y que es inmune a los crímenes imputados, según las convenciones de Ginebra, que regulan estos conflictos.
Pero les salió ‘la criada respondona’ y en este caso fue el mencionado juez, quien les dijo a los picapleitos que ese argumento es poco convincente, dado que las referidas convenciones no aplican porque Estados Unidos ni está en guerra con las farc, ni éstas reconocen los acuerdos de Ginebra.
Si esto lo combinamos con la petición de la cabeza de 50 de los duros de la guerrilla realizada la semana pasada por el fiscal general de los Estados Unidos, Alberto Gonzáles —irónicamente acompañado en ese acto por el amiguito de tirofijo & compañía limitada, Andrés Pastrana—, pues es cosa de sumar dos más dos para tener clarito el cuatro representado por el repentino anuncio de varios jefes paracos (ver página 3 de esta misma edición), quienes de buenas a primeras salieron a la palestra para ofrecer la devolución voluntaria de 100 mil hectáreas de tierra de la que se apropiaron de manera indebida durante su régimen de terror.
Simplemente los Mancuso, Jorge 40, don Berna y demás plantas, quieren de alguna manera poner sus barbas en remojo, porque están viendo con mucha preocupación el fuego en las de sus vecinos y ya sienten los pasos de animal gigante. El gigante que sabemos. El que llegado su momento no va a respetar el mamotreto ese de la ley de justicia y paz firmado entre los arrogantes jefes paras y el gobierno de turno.
A cada uno de ellos parece que les visita constantemente un cucarrón mierdero (esos avechuchos negros con visos verdes eléctrico) y en mi tierra dicen que cuando ese animalito zumba en la oreja de uno, es porque viene la pelúa.“¡Bicho!”, dicen las viejas y lo espantan.
¿Se imaginan ustedes la increíble cantidad de tierra que han acaparado estas monjitas de la caridad valiéndose de sus tácticas intimidatorias, motosierras y demás, como para que ahora salgan ofreciendo una cantidad equivalente a medio departamento del Quindío como reparación para sus víctimas, esos millones de desplazados de Colombia? ¡No hay derecho!
Pero —ojo— que no se puede decir nada, porque después lo mandan a linchar a uno. Uuuyyy, ¡qué miedo!
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