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Posted on
05/13/2005 01:03 AM EST
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¡Lucho creó más fuentes de empleo!
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Alfredo Mantilla director@elcolombiano.net
Leo en un periódico de Colombia que el alcalde de Bogotá, Luis Garzón, le advirtió a los vendedores ambulantes de la carrera séptima de la capital colombiana que está dispuesto a hacer respetar el espacio público a las buenas o por las buenas y me da risa. Como parte del regaño, ‘Lucho’ Les dijo a los ‘empresarios informales’ que no fueran “caprichosos” y se portaran bien.
Recuerdo entonces un chiste que escuché en una de esas noches de botadera de corriente, según el cual, el burgomaestre bogotano había anunciado que en un determinado plazo iba a aumentar los puestos de trabajo y lo que hizo fue colocar 20 ó 30 semáforos más en la congestionada Bogotá. ¡Nuevos puestos de trabajo! Que nadie se queje.
Uno pasa por cualquier esquina de la capital colombiana y aquello es un gran circo diseminado por la urbe entera. En una intercesión cualquiera es posible encontrar a uno o más dragones humanos haciendo la clásica demostración de botar fuego por la boca y en la de más allá el show corre por cuenta de los que hacen malabares con bolas o botellas lanzadas al aire.
No faltan los que se movilizan en sancos y bailan a tres metros de altura, como tampoco los enanos vaqueros o la familia de acróbatas que en menos de lo que cambia el semáforo de verde a rojo hacen una pirámide humana en medio de la vía.
Un circo. Un verdadero circo de la calle que se conforma con las escasas monedas que les dejan caer los que pasan en sus automóviles. Muchos de los protagonistas de ese espectáculo del desespero tienen la habilidad suficiente para aspirar a formar parte de alguna compañía circense, pero ellos, antes de buscar o tocar cualquiera de esas puertas, prefieren lanzarse a las calles bogotanas a mendigar unas devaluadas monedas por su show y así van andando por el mundo, acostumbrándose a pedir y de espaldas a la vida productiva, sin ponerle atención a lo que sucede en esa Colombia que se revuelve ahora con el anuncio de que los ‘amigos’ del presidente Álvaro Uribe — por el que tal vez más de uno de ellos votó esperanzado en las promesas de cambio y en que la derrota de los alzados en armas iba a dar paso a muchos puestos de trabajo — están dispuestos a poner todas sus apuestas en un ‘nuevo partido’ para atornillar al jefe en la Casa de Nariño por cuatro años más.
No importa que la masa de desempleados siga creciendo, el presidente-candidato sigue teniendo un respaldo altísimo dentro de la opinión pública y cuando visita los más remotos pueblos colombianos, abrazando niñitos, viejitas o pequeños indígenes ataviados con sus típicos taparrabos, más parece un mesías que hace miles de promesas... para cumplirlas cuando lo reelijan. Antes no. El tiempo no ha alcanzado para eso, porque las obligaciones de una guerra que no se gana copa toda la atención del gobierno, así el presidente aparezca en esos consejos comunales de todos los sábados escuchando las quejas y peticiones de un pueblo ingenuo y crédulo que no aprende, por más que viene llevando garrote parejo desde hace más años de los que el cuerpo aguanta.
Con ese panorama, ya el frenesí eleccionario está a la vuelta de la esquina y queda muy poco tiempo para empujar la economía. Tendremos que conformarnos con ir a Bogotá —ojalá sin ‘Lucho’— y el resto de capitales a constatar que los artistas de los semáforos no se han ido... ¡sino que les llegó competencia!
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