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Posted on
01/14/2005 10:44 AM EST
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Carretera segura, economía 'al garete'...
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Alfredo Mantilla director@elcolombiano.net
Les cuento que estuve de vacaciones de ‘año nuevo’ en Colombia y gracias a la generosidad de mi suegro Humberto, recorrí de punta a punta la zona cafetera como nunca antes lo había hecho, comprobando que los cuentos de su belleza no han podido ser mancillados por tantos años de jodencia subversiva y paramilitar.
Allí los paisajes impactantes se suceden sin descanso y cuando todavía uno no ha terminado de voltear la cabeza para no perder detalle de un sitio en particular, se le aparece en cualquier curva un riachuelo, una cascada, un verdor salpicado de flores de mil colores y coronado por esas casas típicas de las fincas cafeteras. ¡Sólo falta un mar!
El suegro, un paisa raizal que no se cansa de repetir las bondades de la región que le vio nacer y carretear manadas de bueyes desde que era apenas un muchacho, es un guía natural que no deja pasar detalle para desgranar retazos históricos de la geografía de sus ancestros y repetir hasta el cansacio que ahora es posible viajar por ese territorio “gracias al presidente Uribe”. Y pienso que tiene toda la razón.
En el recorrido que hicimos desde Bogotá, hasta tocar los límites con el departamento del Chocó, la estrecha y serpenteante carretera que se interna mordiente por dos de las tres cordilleras nacionales, estaba custodiada por cientos de efectivos del ejército colombiano y de la policía de carreteras armados hasta los dientes, para garantizar la seguridad en el desplazamiento de los turistas nacionales y extranjeros y evitar cualquier sorpresa de la guerrilla que antes se paseaba por esa zona ‘como Pedro por su casa’.
El recorderis de esa situación corría -por supuesto- por cuenta de Humberto, quien cada tantos kilómetros se encargaba de decirme que en tal o cual vereda los bandidos comandados por ‘tirofijo’ (eso debió ser hace un par de años, ya que ciertas versiones lo dan ahora como ‘ido’ del mando) imponían su ley quemando tractomulas, robando vehículos, secuestrando incautos y ejerciendo su deporte favorito de las ‘pescas millonarias’, en la más absoluta impunidad, gracias a la patente de corso que les había otorgado su amiguito Andrés Pastrana.
“Ya todo eso cambió Alfredo -machacaba el suegro- porque ahora tenemos de presidente a un paisa berraco que tiene los pantalones bien puestos y no se deja manosear por esos bandidos”.
Según él, pasar por el alto de La Línea con la tranquilidad como subimos y bajamos en par de ocasiones, era impensable en años recientes. ¡Y no lo dudo! Como tampoco hay que poner en duda que así como el ejecutivo ha hecho énfasis en mejorar el aspecto de la seguridad, está obligado -¡urgentemente!- a pararle bolas a la cosa económica, ya que de nada sirven carreteras seguras si la producción no avanza, dado que se corre el riesgo de que no haya mucha gente con suficiente gasolina en el tanque para recorrerlas... ¡y eso tiene un costo!
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