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Posted on
07/27/2007 4:24 PM EST
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El presi no miente, el presi tiene razón
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Alfredo Mantilla editor@elcolombiano.net
Tal como lo había hecho en el pasado el “alto comisionado para la paz”, Luís Carlos Restrepo, y en varias oportunidades él mismo, una vez más el presidente Álvaro Uribe machacó con la tesis de que en Colombia “el paramilitarismo es cosa del pasado”. Que ya no existe. Que su gobierno acabó con ese fenómeno. Con ese terrible flagelo. ¡Oh gloria inmarcesible!
Y viéndolo bien, creo que el jefe de estado tiene razón, aunque sólo en parte. ¿Por qué? Muy sencillo. Para comenzar pienso que cuando el presidente repite su temeraria tesis —a lo ‘terminator’— se refiere al movimiento que surgió como producto de las agrupaciones de defensa campesinas, que nacieron como escudos protectores frente a la acción de la guerrilla y actuaban junto a las instituciones militares, pero que poco a poco comenzaron a ejercer acciones irregulares, desviadas y deformadas de lo militar, pasando a convertirse en lo que en su momento fue conocido con el genérico de paramilitares.
Esos grupos ¡sí son cosa del pasado! Desaparecieron hace rato. Mucho antes de ‘Uribe 1’ y —por consiguiente— cuando todavía ‘Uribe 2’ no era visto por buena parte del país nacional como la curita imprescindible para todos los males de Colombia. Es decir, cuando el patrón de “El Ubérrimo” (dícese de una de las fincas del presidente, situada cerca a Montería, ciudad santuario del paramilitarismo y por la que nunca —dicho sea de paso— tuvo que pagar ‘vacuna’) llegó a la Casa de Nariño, ya esos grupos eran cosa del pasado. Tal como repite el presi.
Y eran cosa del pasado porque hacía un jurgo de años que los paracos (curiosamente cuantificados seis años atrás —a ojo de buen finquero— en una cifra que no llegaba a 15 mil y que terminó en 31 mil por cuenta de la piñata esa conocida como ‘ley de justicia y paz’) habían desarrollado la habilidad de las mariposas para reinventarse y dejar de lado las motosierras (con las que hicieron hasta para vender) y se graduaron de narcoparacos, convirtiéndose —como la guerrilla que en principio combatían— en los nuevos barones del jugoso negocio de las drogas, con lo que siguieron engordando inmensas fortunas, que ya eran enormes por cuenta de la rapiña de tierras, ganado y bienes de la población que huía desplazada al paso de estos modernos ‘atilas’.
Por eso ya no existían los paramilitares. Se habían convertido en narcoparamilitares y con el advenimiento de ‘Uribe 1’... en narcoparapolíticos. ‘El presi no miente!
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