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Posted on
02/16/2007 09:53 AM EST
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Alfredo Mantilla editor@elcolombiano.net
Me contaba un amigo que un conocido suyo tenía desde hace tiempo varias fincas en el departamento de Córdoba y que todos comentaban que debía tener un pacto con el mismísimo Lucifer, ya que a pesar de la pujanza de sus propiedades en ningún momento era molestado por los paracos que mandaban en la zona.
“A pesar que por toda esa área, incluso en los departamentos vecinos, lo más normal era que los finqueros grandes y chicos hicieran su aporte a los hombres de (Carlos) Castaño, (Salvatore) Mancuso y los demás, con ese señor nadie se metía... era como intocable”, desliza mi amigo con un cierto dejo de pesadumbre, dado que él era —y sigue siendo, según sus palabras— uno de los que religiosamente debía ‘bajarse de la mula’ por la supuesta protección de los paramilitares, porque de lo contrario podía meterse en problemas.
Cuenta que en una oportunidad él se atrevió a preguntarle a uno de los que le presionaban por los aportes, porqué al personaje de su película no le hacían pagar ‘la vacuna’ y el fulano le contestó que ese no era su problema y que no se metiera en donde no le habían llamado. Como quien dice, mejor que no le buscara las cinco patas al gato. Y él no lo hizo más, pero siguió con la intriga.
Lo que más le llamaba la atención era que el ‘intocable’ ni siquiera era oriundo del departamento, como él y muchos de los que si eran ‘vacunados’, por lo que un día decidió visitarlo para ver que averiguaba y lo que encontró casi le hace brincar hacia atrás como Condorito: el misterioso personaje se encontraba reunido con varios de los duros de los paracos y por la forma en que éstos se dirigían a él, con confianza, pero con un gran respeto, era más que evidente que comían del mismo plato. Si hasta parecía que le estuvieran rindiendo cuentas.
Desde ese día Luís* decidió no meter más sus narices en ese asunto y hacer como si nada le pareciera extraño. Desde entonces fue testigo en la distancia de muchas cosas raras, pero él nunca volvió a dar señales de que le importaban lo más mínimo. “Seguí pagando y punto”.
Cuenta cómo muchos de los que estaban en la reunión en la finca del ‘intocable’ fueron incrementando su patrimonio, quedándose con grandes extensiones de tierra que muchos productores del campo —pequeños y grandes— iban abandonando para no seguir aceptando los abusos de esos ‘señores’ o porque eran presionados para dejarlas, en muchas ocasiones por la simple razón de que tenía linderos con algún lote que el paraco de turno había incorporado a su botín de rapiña.
Fue así como el grupo que nació para defender a los ganaderos de los ataques y abusos de la guerrilla, poco a poco se fue convirtiendo en una pesadilla si se quiere peor, ya que su apetito de poder y riquezas se tornó en un monstruo insaciable.
Por eso no debe sorprender a nadie que un delincuente como Carlos Mario Jiménez, alias “Macaco”, el jefe del Bloque Central Bolívar de los paramilitares, haya prometido hace un par de días entregar bienes en diez departamentos por un valor de 100 mil millones de pesos —45 millones de dólares a ojo de buen cubero— para resarcir a las víctimas de sus actividades delincuenciales. ¡Qué filántropo!
Lo más cumbre es que señala que las propiedades ofrecidas forman parte del fondo estratégico de su grupo y que no son producto de despojo o usurpación. ¡Sinvergüenza! Me imagino la ‘boloña’ del ‘intocable’, porque si un simple macaco pone sobre la mesa 45 melones verdes, aquél debe estar podrido en biyuyo...
* Nombre ficticio
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