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Posted on
11/03/2006 11:52 AM EST
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Alfredo Mantilla editor@elcolombiano.net
A un paisano que me escribió quejándose por una reflexión que hice en una edición anterior, le hago las siguientes acotaciones.
¿Cuáles son los logros en seguridad de la actual administración? ¿Se refiere usted a las publicitadas caravanas turísticas súper protegidas por el ejército y la policía en épocas de vacaciones, que desaparecen cuando pasa el asueto para que el país regrese de golpe y porrazo a los mismos niveles de desprotección? ¿Seguridad es que se pueda perpetrar un ataque contra la escuela de inteligencia del ejército de la manera tan sencilla en que se logró y los 17 policías masacrados hace un par de días? ¿Seguridad es que puedan atentar contra funcionarios públicos y personajes de la vida nacional de la manera impune en que lo hacen de tanto en tanto quienes están por fuera de la ley? ¿Es seguridad que los paramilitares en negociaciones con el estado ordenen miles de asesinatos desde sus sitios de encuentro o reclusión y el gobierno —que obviamente es amigo de ellos— no les aprieta las tuercas y hasta ahora se niegue a extraditar a uno solo de esos bandidos?
Por otra parte —y para que ni piense que estoy del otro lado— ¿es un signo de seguridad que ni uno solo —lea bien— ni uno solo de los jefes de la guerrilla hayan caído presos o abatidos por la acción del gobierno?
Y, por favor, no me salga con el mismo cuento de la seguridad comparada con los años de lenidad del infausto gobierno de Andrés Pastrana. Por supuesto que Uribe ha sido mejor gobernante que Pastrana. ¡Eso que quede claro! Pero le cuento que eso, en esencia, no es cosa del otro mundo. Cualquiera, haciendo un mínimo esfuerzo, hubiera superado lo hecho por el hijo de Misael. Pero es que los colombianos, yo entre ellos que voté por él, esperábamos más de Alvarito, no que al cabo de cuatro años largos —y contando— nos mostrara unas cuentas tan chuecas, como las que son evidentes en Colombia, donde sin el menor reparo se ha venido entronizando un megapoder paramilitar, tal y como lo comenzamos a avizorar con las revelaciones del computador de jorge 40. ¿Dónde está el crecimiento económico? Y si lo hay, ¿por qué cada día más colombianos quieren salir del país? ¿Por qué personas como usted no regresan a ese paraíso, a ese oasis de tranquilidad?
Si usted es un colombiano dolido, señor, sepa —y que le quede bien claro— que su dolor no puede ser más grande que el mío. A mí me duele Colombia como a muchos. Me duele que un país con tanto potencial no se desprenda de las taras que lo anclan desde siempre. Me duele el engaño de los gobernantes que pasan por la cosa nacional y lo primero que arman es un tremendo aparato propagandístico —como el montado por su admirado jefe— para inflar pequeñeces y algunos objetivos medianos obtenidos, pero sin cumplir con los grandes logros para los que están llamados a gobernar. Para los que fueron elegidos.
¿Cuáles son los grandes males de Colombia? Narcoguerrilla, narcoparamilitares, narcotraficantes rasos, corrupción política, corrupción gubernamental, falta de coherencia en materia económica, demasiadas prebendas para los que más tienen en detrimento de los que tienen poco, y otras cosas de menor y mediana cuantía que un gobierno con verraquera debería ser capaz de dominar, pero el parecer a don Álvaro la cosa le quedó como grande y los colombianos parecemos estar condenados a seguir esperando que aparezca alguien que si las tenga de verdad en su puesto, porque lo que tenemos hasta ahora, duele reconocerlo, es como una curita con mercurio cromo que no llega al fondo de la llaga para curarla, sino que se queda en la superficie y, lo peor, promociona esa superficialidad como si se tratara del final del problema, logrando engañar a muchos incautos. A millones. Total, así son los pueblos. Fíjese del vecino Perú, que volvió a montar en el coroto al personaje que dejó al país con la inflación más grande de su historia, mientras por otro lado logró llevar a la cárcel —por un tiempo— en Chile, al japonesito que, aunque mal rodeado y de pronto con alguna vista ‘gorda’ para algunas fallas de su entorno, metió en cintura a los políticos corruptos cerrando un congreso de villanos y acabó con esa pesadilla guerrillera llamada sendero luminoso. Esos si son pantalones, paisano. Eso si es verraquera. ¡Ya quisiera yo alguien así para Colombia!
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