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Resulta que a veces desperdiciamos nuestro tiempo tanto, que por ello sería bueno, para saber por ejemplo el valor de un semestre, preguntarle al respecto a un estudiante que perdió su examen final. Igualmente para saber el valor de un mes, preguntarle a una madre que dió a luz prematuramente.
Para saber el valor de una semana, preguntarle al editor de una revista semanal. Para saber el valor de una hora, preguntarle a los amantes que esperan con ilusión el verse. Para saber el valor de un minuto, preguntarle a la persona que acaba de perder un tren, el autobus o un vuelo. Para saber el valor de un segundo, preguntarle a quien haya sobrevivido de un accidente. Para saber el valor de una milésima de segundo, preguntarle al atleta que ganó una medalla de plata en las Olimpiadas. Es entonces cuando sabrá cada cual de verdad lo que valen un momento desperdiciado, una hora mal empleada y en fin hasta un instante perdido.
Así mismo es importante recordar que la felicidad es algo que decido con el tiempo. Si me gusta o no mi cuarto, no depende de como estén arreglados los muebles, depende mas bien de cómo dispuse mi mente. Ya decidí que me gusta, es una decisión que hago cada mañana, cuando me levanto.
Tengo la elección. Puedo pasar el día en la cama, repasando la dificultad que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecido por las partes que si funcionan.
Cada día es un regalo y mientras se abran mis ojos, me enfocaré en el nuevo día y, con positiva determinación, daré un paso hacia delante para “ganarme” ese día. De otra manera también puedo orar y desear lo mejor por otro, cuando no tenga las posibilidades o incluso las intenciones de ayudarlo de alguna otra manera, o cuando simplemente no quiera estar con esa persona, teniendo en cuenta que bajo la coraza más dura hay alguien que quiere ser apreciado y amado.
El enviar ondas cerebrales positivas siempre será una ayuda positiva mas que incluso que la material en sí.
Finalmente resulta importante aprender a decir que no, sin sentirnos a cada momento culpables, por creer que por ser sinceros estaremos lastimando a alguien, ya que ello no será la mas adecuada de las decisiones.
Acordémonos por tanto que querer agradar a todos es un desgaste innecesario. El miedo a perder aquello que asumimos es nuestro y es la mayor mentira que el ego nos plantea y por tanto una de las mayores causa del sufrimiento humano.
El controlar a los demás nos llevará finalmente a perder el control, pues las personas son como las aves y cada cual anhela su propia libertad. En resumen: concentrémonos en lo positivo y no en lo que nos lleve a sentir mal y aprendamos a no olvidarnos de aquello que de verdad tiene una real importancia en nuestras vidas.
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