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Cuenta una historia que un profesor le manifestó a su clase que si Dios había creado todas las cosas, también de manera concluyente, habría concebido el mal y que por tal motivo existían en el mundo hechos tan denigrantes como las violaciones, los secuestros, los crímenes en general, amén de muchas otras cosas malas.
En tal momento un alumno llamado Albert Einstein replicó a su profesor con la siguiente pregunta “Dicen que el frío no existe, ¿verdad? Sin embargo cuando el cuerpo no tiene suficiente temperatura, entonces se siente frío”. “Por otro lado”, dijo el joven estudiante, “la oscuridad tampoco, pues es la ausencia de la luz y esta ultima se puede medir, mientras que la oscuridad se determina, dependiendo de que tanta luz haya en un lugar”.
Al final de su intervención, expresó Einstein una frase célebre en la que afirmaba “El mal, como tal, es decir el mal en los seres humanos como lo conocemos, tampoco existe, siendo este no mas que la ausencia de amor, bien, conciencia, y buena voluntad”.
Calor, frío, oscuridad, o luz, son conceptos que quizás varíen con el tiempo, según el proceso en el cual la humanidad haya alcanzado cambios en su proceso de aprendizaje y logrado avances en las investigaciones. Por ello de todo lo extractado en lo dicho por Einstein me parece que de verdad lo más evidente es aquello de que el mal se aparece cuando precisamente no están presentes sus componentes opuestos, como lo son las partes integrantes y determinantes del bien.
Se me ocurre pensar que una de las cosas que más afecta al ser humano es a ratos su negación acerca de la realidad y aquel deseo oculto o consciente que tiene por justificar todo lo que hace. Llega tarde porque el tráfico estaba pesado; no terminó el trabajo pues no le pasaron todos los documentos a tiempo. Sobran los ejemplos de cómo la gente escapa de los hechos sin enfrentar su propia verdad y por eso se esconde en excusas con las que trata de justificar sus comportamientos o acciones equivocadas.
Para pasar de la oscuridad a la luz lo primero que convendrá en consecuencia será situarse en el bien como meta y propósito claro de la existencia. En tal caso entenderemos, según los legados de nuestra propia conciencia, que lo que no hagamos conforme a ella, nos apartará del seguimiento de la misma, y en tal caso estaremos viviendo en tinieblas. No hay ciego más grande que aquel que no quiere ver, especialmente su propia realidad. Me gusta por eso aquel refrán que a veces se escucha en algunas estaciones de radio “Aquí lo queremos como oyente y no como noticia”, indicando que resulta mejor escuchar con complacencia el radio sin que, en este caso el protagonista de una noticia negativa tenga que ser uno mismo.
Prudencia, visión, análisis, reflexión, son componentes importantes dentro un legado de vida que tienda hacia la procura del bien. Lo demás, solo serán excusas para hacer precisamente lo que no conviene, y para generar innecesarios dolores de cabeza dentro de la existencia de cada cual.
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