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En una encuesta que hicieron para analizar que significaba el concepto de riqueza para cada persona, decidieron separarlas por grupos.
En el primero las definiciones fueron las siguientes: Arquitecto: tener proyectos que le permitan ganar mucho dinero. Abogado: tener muchos casos que dejen buenas ganancias y tener un buen carro y una espaciosa oficina. Ingeniero: desarrollar sistemas que sean útiles y muy bien pagados. Médico: atender muchos pacientes y poder comprar una casa grande y bonita, además de poseer una jugosa cuenta bancaria. Atleta: ganar fama y reconocimiento mundial, para estar bien pagado. Gerente corporativo: tener la empresa en niveles de ganancia altos y crecientes. Cantante: ser famoso a nivel internacional y obtener muchos beneficios económicos de sus presentaciones.
Por otro lado en un segundo grupo, las personas entrevistadas expresaron lo siguiente: Preso de por vida: caminar libre por las calles. Sordo: escuchar el sonido del viento y cuando me hablan. Ciego: ver la luz del sol y a la gente que quiero. Mudo: poder decir a las personas cuánto las amo. Inválido: correr en una mañana soleada. Enfermo terminal: poder vivir un día más. Huérfano: poder tener a mamá, papá, hermanos, familia. Viudo solitario: tener a alguien con quien compartir su vida.
Como puede verse claramente las motivaciones son bien distintas entre unos y otros. Para los primeros, y con esto no quiero generalizar sino apenas mostrar los resultados de tal encuesta que solo cubrió a una pequena parte de la población, la motivación fundamental es de tipo económico, pretendiéndose con el dinero obtener la felicidad anhelada.
Para los segundos el clamor es de ausencia, ya que éstos serían felices con tan solo encontrar lo que no tienen en sus existencias, debido a limitaciones y/o circunstancias de la vida. A ambos sesgos los identifica el querer tener algo que quizás en el momento no poseen.
Tal vez como una síntesis analítica y conciliatoria de estos puntos de vistas tan diferentes, lo mejor será quizás definir la riqueza como aquel estado que nos hace feliz. Si para unos lo material es lo que quieren, pues posiblemente serán felices con ello, aunque con la cuestión, según sea el desenlace vivido, de que su felicidad podrá tornarse, bien sea en infelicidad, o de pronto en aprendizaje para dirigir sus rumbos.
Y si para los segundos el ser feliz tiene que ver con encontrarle solución física a sus limitaciones, pues por allí estará su fuente de alegría. Sin embargo preguntaría: Y qué pasa si no lo logran o vuelven súbitamente a sus estados anteriores?
Por ello creo que la verdadera riqueza está dentro de uno mismo cuando con aceptación nos queremos con nuestras ventajas y debilidades, con nuestros rasgos fisicos y en fin con todo lo que a nuestro ser rodea, ya que así podremos deambular por la vida sin esperar más de lo que ella misma estará en capacidad de brindarnos.
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