| Posted on 09/30/2004 4:38 PM EST |
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De una feliz lombriz, para Alfredo
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Manuel María Márquez manuelmariamarquez@yahoo.com
Alfredo:
Me encantó el nombre del editorial, tan felices como las lombrices, en primer lugar porque me sentí muy bacano navegando entre apetitosos pedacitos de la madre tierra y suculentas raíces estercoleras.
Y en segundo lugar, porque me pareció un titulo genial, de esos que cuando se consiguen y colocan, el texto a continuación está demás. Ese nombre podría haber sido puesto en letras gigantes en el lugar del editorial, con una pequeña nota al final diciendo: En referencia al estudio de la universidad de Universidad Erasmus de Rotterdam.
Dos detallitos sin embargo:
El primero es que no hay Cabrales en mis apellidos, ni mi Márquez es cercano al del muy ilustre escritor. Los Márquez Iguaran, a los cuales él, creo, pertenece, son de la Guajira. Y la persona de la cual yo desciendo se llamaba Esteban Márquez Rodríguez y llegó a Barranquilla, desde Santa Marta, alrededor de 1830.
El segundo detallito es que creo que un estudio de una universidad Europea, seria, no debe tomarse en broma. Las metodologías que esas universidades usan, creo yo, y también me lo han dicho mi mama y mis profesores, son científicas. Y si llegaron a esa conclusión, por algo será.
Yo prometo escribir algo sobre eso, alguna vez, porque me parece interesante. Porque lo cierto es que hay algunas cosas que pueden ser el origen de la felicidad colombiana:
1-Existencia de la familia ampliada y bastante solidaridad entre ella.
2-Vida real mas allá del trabajo y después del trabajo, en las noches con los amigos o la familia. Los ricos en sus comidas y demás y los pobres, en la mecedora de la puerta hablando con los vecinos.
3-Libertad para actuar. Aquí la gente no tiene el policía encima cuando se toma unos tragos y además, gracias a Dios, las calles son tan pequeñas, que cuando se les va la mano, las cosas no involucran a 5 carros.
4-Mucho tiempo disponible para rascarse las pelotas.
Y creo que hay algunas otras mas, pero ahora no me acuerdo.
Pero como dije antes, prometo hacer un análisis serio de interpretación de esos resultados, algún día, lo mas pronto que pueda.
Finalizo diciéndote que deberías volver a los carnavales, un día de estos, y disfrazarte de su Majestad la marimonda una tarde intensa, para que en carne propia y por ti mismo, hechizado por el vestido mágico, pegues los brincos rituales y puedas sentir el intenso placer y el inigualable goce, de esa experiencia barranquillera.
Abrazos,
Manuel Maria
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